Bienvenidos a Catarsis Literaria y algo más Este es un espacio abierto a todos los estudiantes de la E.E.S.T N°1, para que a través de la escritura expresen sus opiniones, sentimientos y su talento literario.

P.del lenguaje 2do.

 Prácticas del lenguaje                                                               
Ejercitación de adjetivos y sustantivos

1-. Señala todos los adjetivos que encuentres y luego clasifícalos semánticamente.
·         Tus amigos y los nuestros no se llevan bien, quizá hubo un malentendido que nos convendría solucionar de manera inmediata
·         El ladrón fue detenido por el eficiente agente de la policía local
·         Mi hermano mayor es estudiante
·         Las teclas de mi computadora  ya están gastadas de tantas horas que he pasado escribiendo cartas
·         Me produjo una gran alegría verlo sano y salvo
·         El pobre hombre no podía ni siquiera comer con esa mísera pensión
·         Hablaba muy alto y por eso parecía enfadado
·         Muchos buenos alumnos suspenden los exámenes más fáciles por no saber estudiar correctamente
·         Este circuito eléctrico es muy complicado
·         Los colores de esta tela no me convencen demasiado, los encuentro chillones y anticuados
2- . Forme el femenino de los siguientes sustantivos masculinos:
        biólogo
        emperador
        capitán
        yerno
        rey
       consorte
       duque
       instructor
       gorila
       gallo
       médico
3-. ¿Significan lo mismo el editorial/la editorial, el corte/la corte, el cólera /la cólera, el frente/la frente?
4- Enuncie el singular de los siguientes sustantivos:
caries - parálisis – traspiés- víveres
5- Lee el siguiente texto y subraya todos los sustantivos que encuentres:
Es difícil ganarse el afecto de un gato. Es un animal filosófico, tenaz con sus propios hábitos, ordenado, limpio y poco dado a sentimientos extravagantes. Será  tu amigo si cree que eres digno de amistad, pero nunca tu esclavo.
6- Indica en qué grado están los siguientes adjetivos:
- Ese libro es aburridísimo.
- Ella es muy guapa.
- Mi primo es más grande que yo.
- Yo estoy tan cansada como tú.
- Luis es el más alto de la clase.!
7- Cortar y pegar, en el procesador de textos, los sustantivos que aparecen en “Los colonizadores”, de Ray Bradbury, en el lugar del cuadro que les corresponda:
Los colonizadores (Ray Bradbury)
AGOSTO DE 2001
Llegaron porque tenían miedo o porque no lo tenían, porque eran felices o desdichados, porque se sentían como los Peregrinos, o porque no se sentían como los Peregrinos. Cada uno de ellos tenía una razón diferente. Abandonaban mujeres odiosas, trabajos odiosos o ciudades odiosas; venían para encontrar algo, dejar algo o conseguir algo; para desenterrar algo, enterrar algo o alejarse de algo. Venían con sueños ridículos, con sueños nobles o sin sueños. El dedo del gobierno señalaba desde letreros a cuatro colores, en innumerables ciudades: HAY TRABAJO PARA USTED EN EL CIELO. ¡VISITE MARTE! Y los hombres se lanzaban al espacio. Al principio sólo unos pocos, unas docenas, porque casi todos se sentían enfermos aun antes que el cohete dejara la Tierra. Y a esta enfermedad la llamaban la soledad, porque cuando uno ve que su casa se reduce hasta tener el tamaño de un puño, de una nuez, de una cabeza de alfiler, y luego desaparece detrás de una estela de fuego, uno siente que nunca ha nacido, que no hay ciudades, que uno no está en ninguna parte, y sólo hay espacio alrededor, sin nada familiar, sólo otros hombres extraños. Y cuando los estados de Illinois, lowa, Missouri o Montana desaparecen en un mar de nubes, y más aún, cuando los Estados Unidos son sólo una isla envuelta en nieblas y todo el planeta parece una pelota embarrada lanzada a lo lejos, entonces uno se siente verdaderamente solo, errando por las llanuras del espacio, en busca de un mundo que es imposible imaginar.
No era raro, por lo tanto, que los primeros hombres fueran pocos. Crecieron y crecieron en número hasta superar a los hombres que ya se encontraban en Marte. Los números eran alentadores.
Pero los primeros solitarios no tuvieron ese consuelo.

PROPIOS
COMUNES
ABSTRACTOS
CONCRETOS
INDIVIDUALES
COLECTIVOS



8-Completar el cuadro con un sustantivo o un adjetivo que pertenezca a la misma familia de la palabra dada. Te damos un ejemplo:

SUSTANTIVOS
ADJETIVOS
elegancia
elegante
escándalo
humor
certero
delicadeza
gruesos
abierta

9- Agregar adjetivos calificativos en los espacios en blanco, respetando la concordancia de género y número con el sustantivo al cual modifican.
Y retiemble en sus centros la tierra (Gonzalo Celorio)
Qué maravilla que sus párpados _________________ caigan como un telón sobre el espectacular escenario de sus ojos _________________, que no han perdido el _________________ brillo; que sus cachetes _________________ cuelguen un poquito sobre las comisuras de la boca, que no se han comido la sonrisa _________________; que su cuello _________________ tenga, como las palmeras reales en su tronco, el registro de los años, sin haber sacrificado la altivez.

10- Subraya el adjetivo y clasifícalo semánticamente
 Veinticinco navegantes  _____________________________________________
  Turistas italianos ___________________________________________________
  Aquellos montes ­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­__________________________________________________
  Noticias positivas  _________________________________________________
  Muchos amigos ___________________________________________________
  Había medio limón ________________________________________________
  Cada chico tuvo su merecido ________________________________________

11- Reglas de concordancia entre el sustantivo y el verbo
12- Dudas frecuentes




    

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Literatura 6to.

Contexto histórico del gobierno de Juan M. de Rosas . Unitarios y federales. Generación del 37´
Actividades:
 Video 1: Juan Manuel de Rosas "El Restaurador". Video 2 : Generación del 37´
1- Caracterizar de manera completa a Rosas.
2- ¿De qué manera comienza a ganar prestigio en los diferentes sectores sociales?
3- ¿Cómo llega a convertirse en gobernador de Bs As.?
4- Elaborar un texto explicativo sobre su gobierno.(Aspectos sociales, políticos, económicos y
    literarios)
5- Redactar un texto argumentativo con alguno de los siguientes temas:
    a- El poder
    b- Abuso de poder
    c- La censura en época de Rosas




Video 3 Unitarios y federales
1- Diferenciar de manera completa las ideas unitarias de las federales




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La escritura embrujada

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Latinoamerica se queda sin magia

Murió Gabriel García Márquez

Tenía 87 años. Creció en un pueblo diminuto, Aracataca, que hoy se identifica con el Macondo de “Cien años de soledad”, la novela que lo hizo famoso. Acompañó la revolucion cubana y fue un referente de la izquierda. 
abemos, porque nos lo enseñó el historiador británico Eric Hobsbawm hace un poco más de dos décadas, que los siglos no necesariamente duran cien años ni empiezan con cero y terminan con 99: él afirmaba que el siglo pasado empezó en 1914 y terminó en 1991. Seguramente ha de haber tenido razón, pero anoche, cuando se supo que, a los 87 años y en el México que había elegido para vivir desde 1961, murió Gabriel García Márquez, muchos sintieron que el Siglo XX daba algunos de sus últimos estertores en Latinoamérica: se fue su escritor más popular de las últimas cuatro décadas.
Su Cien años de soledad terminó de poner a la literatura de la región en el mapa mundial. Si bien ya habían emergido muchos escritores enormes, tal vez más enormes que el colombiano –piénsese en Borges sin ir más lejos o en algunos de los otros escritores del boom del que fue parte, como Guillermo Cabrera Infante, Juan Rulfo o el mismo Vargas Llosa– su novela vendió treinta millones de ejemplares y fue traducida a más de 35 idiomas y García Márquez empezó a gozar de una fama de rockstar.
La belleza simple de Cien años de soledad –por lo menos al lado de otros libros de la época, más experimentales, como Vistas del amanecer en el trópico, del cubano Cabrera Infante fue un éxito instantáneo y global desde su publicación en Buenos Aires en 1967, cuando la industria editorial argentina era tan fuerte como para iniciar semejante explosión. Cien años de soledad fue una novela que nos deparó felicidades como ésta:
“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de 20 casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”.
Hay, en esa escena deslumbrante, la de un nene yendo a conocer el hielo en un pueblo mínimo y ardiente, un pedacito de la infancia de García Márquez, la misma a la que seguramente hace referencia la novela cuando habla de un mundo tan reciente al que todavía le faltaban palabras: los años que pasó en su Aracataca, un pueblo diminuto y muy tórrido –puede llegar a padecer 50 grados– bien adentro de Colombia, junto a sus abuelos.
El, Nicolás Márquez, que había sido Coronel en la Guerra de los Mil Días –guerra civil colombiana entre 1899 y 1902– le contó historias bélicas, relatos que siempre son un modo de hablar de política, le enseñó a usar el diccionario y lo introdujo al “milagro” del hielo llevándolo con frecuencia a la United Fruit Company.
Ella, Tranquilina Iguarán Cotes, le contaba historias llenas de mitos y leyendas de la zona. Gabito fue ahí, con sus abuelos, el niño que sería el hombre que décadas después, en 1982, ganaría el Premio Nobel de Literatura, que discutiría intentos de acuerdos nacionales en la vertiginosa Colombia de hace 20 años con Andrés Pastrana –ex presidente de colombiano– y Felipe González –ex primer ministro español–, que se sentaría a la derecha de su amigo Fidel Castro pasara lo que pasara y cayera quien cayera, que impulsó en toda la región una forma hermosa de hacer periodismo, la crónica de no ficción, y podría contar a sus discípulos de a miles. El que declararía “Yo digo: ‘estoy de García Márquez hasta los cojones’” cuando sintió que la fama era un trabajo demasiado exigente. Gabito, entonces, en Aracataca allá por los años 30, tuvo su iniciación en las armas que usaría luego en esas decenas de libros suyos que le depararon la fama que lo tendría hasta los cojones. Pero contento también.
A esa infancia encantada de relatos bélicos y maravillosos le siguió una breve vida común con sus padres y luego el bachillerato, un internado para chicos prodigio. Ahí se sentiría “triste y ajeno” pero comenzaría a considerar a la literatura como un destino posible; cuando publicó su primer libro, La hojarasca, le dedicó un ejemplar a su profesor del colegio. Los padres presionaron y cuando terminó el secundario el chico prodigio fue derecho a la facultad de Derecho. La violencia política lo salvó de un destino de bufete y tal vez salvó a Latinoamérica de perderse una de sus obras dilectas: el Bogotazo, unas protestas masivas en 1948, fue reprimido con salvajismo y cerraron la universidad.
García Márquez se trasladó a Cartagena para seguir estudiando pero rápidamente se sintió libre de dedicarse a una de sus dos pasiones mayores: el periodismo. Trabajó para El Universal, luego para El Heraldo y mientras tanto no se privaba de darle tiempo a su otra pasión, la literatura: se sumó al “Grupo de Barranquilla”, con base en una librería y un bar, “La Cueva”, donde los jóvenes escritores, compañeros de trabajo en la redacción, se dedicaban a discutir las obras de grandes como Albert Camus, Virginia Woolf y William Faulkner, una de las mayores influencias tanto de García Márquez como de los otros autores del boom.
A partir de ahí, de ese trabajo en un diario y de esas discusiones en el bar seguramente regadas de ron y arepas, se acelera la vida de García Márquez: ya ronda los 25, lleva como marca las leyendas y las batallas oídas en la infancia, es apasionadamente periodista.
Pasa a trabajar a El Espectador, donde se convierte en el primer columnista de cine del periodismo colombiano. En 1955 da el paso definitivo: publica su primera novela, La hojarasca. Y publica, a modo de folletín en el diario en que trabaja, Relato de un naúfrago, una obra de arte de periodismo narrativo. Sufre la censura del régimen del general Gustavo Rojas Pinillas. La dirección del diario lo envía, para protegerlo, como corresponsal a Europa. Sigue escribiendo: en 1958 aparece El coronel no tiene quien le escriba. En 1959, luego de haber cubierto los juicios de la triunfante revolución cubana liderada por Fidel Castro en la isla, dirige Prensa Latina, la agencia de noticias que acompañó la revolución cubana y donde trabajaron también, por ejemplo, Rodolfo Walsh y Rogelio García Lupo. En 1960 pasa una temporada en los Estados Unidos hasta que le niegan la visa por considerarlo miembro del Partido Comunista. Se muda a México, donde se instala hasta sus últimos días.
La amistad y las pasiones políticas lo unirían y lo separarían de los otros miembros del boom. Sería en París, cuando ambos vivían allí, que se rompería su amistad con el otro Nobel, Mario Vargas Llosa. Las tensiones ideológicas –Vargas Llosa se alejaba vertiginosamente de la izquierda y García Márquez se comprometía cada vez más– y las tensiones amorosas –parece que Mario Vargas Llosa era muy celoso cuando joven y habría interpretado mal unos consejos de García Márquez a su mujer, Patricia, en ocasión de desaveniencia conyugal– terminaron con el vínculo de los dos escritores. El broche lo puso el peruano, al año siguiente, 1976, en México: le pegó una trompada al colombiano y le dejó el ojo negro.
Antes habrán discutido mucho de política: en 1971, el gobierno cubano encarceló al poeta Heberto Padilla. Los intelectuales de la época firmaron solicitadas pidiendo su liberación. García Márquez, que ya era el mundialmente famoso autor de Cien años de soledad, no: prefería tratar personalmente esos asuntos con Fidel. Vargas Llosa lo tildó de “cortesano de Castro”, Cabrera Infante lo acusó de sufrir de “totalitarium delirium”. Por su parte, García Márquez asegura haber ayudado a mucha gente a salir de la isla. En una entrevista del cronista estadounidense John Lee Anderson, contó que fue parte de una operación en la que se expatriaron “unas dos mil personas”. García Márquez ya era un diplomático sin cartera, un hombre de enorme peso político.
Escribió mucho más: los cuentos de La increíble y triste historia de la Cándida Eréndida y su abuela desalmada y la festejadísima y llevada al cine, Crónica de una muerte anunciada, donde desarrolla un thriller que empieza con el asesinato y reconstruye los hechos hacia atrás; un procedimiento muy novedoso en la era anterior a las series.
Y nos deparó, a varias generaciones, una experiencia inolvidable de lectura feliz: encontrar en la adolescencia, que es cuando suelen aparecer por primera vez los libros del colombiano, un ejemplar de Cien años de soledad aseguró, para muchísimos, horas de luminosa alegría. Y décadas de agradecimiento.
La revolución, la novela latinoamericana mundial, la conciencia política siempre activa e interviniendo en los hechos: esos rasgos de García Márquez lo hacen un hombre del Siglo XX. Mucho de eso que está terminando de des-aparecer con su muerte.

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Cuento de Fontanarrosa

          


Metegol (Argentina) es una película animada en 3D de producción argentino-española dirigida por el argentino Juan José Campanella. Está inspirada en el cuento Memorias de un wing derecho, del escritor argentino Roberto FontanarrosaEduardo Sacheri, que trabajó con el director en el guion de El secreto de sus ojos, estuvo a cargo de la adaptación junto a Campanella, Gastón Gorali y Axel Kuschevatzky también productores del film. Fue estrenada, en Argentina, el 18 de julio de 2013. Fue la primera película de animación que abrió el Festival de Cine de San Sebastián, el 20 de septiembre del mismo año.

MEMORIAS DE UN WING DERECHO

Y aquí estoy. Como siempre. Bien tirado contra la raya. Abriendo la cancha. Y eso no me lo enseñó nadie.Son cosas que uno ya sabe solo. Y meter centro o ponerle al arco como venga. Para eso son wines. No me vengan con eso de wing “ventilador” o wing “mentiroso” o las pelotas. Arriba y contra la raya.
Abriendo la cancha para que no se amontonen los forwards en el medio. Nada de andar bajando a ayudar al marcador de punta ni nada de eso. Si el marcador de punta no puede con el wing de él... ¿para qué m... juega de marcador de punta? Lo que pasa es que ahora cualquier mocoso le sale con esas teorías nuevas y nuevas formas de juego o te viene con la “holandesa” o la “brasileña” y otras estupideces.
¡Por favor! El fútbol es uno solo y a mí no me sacan de la formación clásica: el arquero bien parado en la raya y atento. Por ahí escucho decir que Gatti juega por toda el área o sale hasta el medio de la cancha... Y bueno, así le va. Yo al arquero lo quiero paradito en su arco y nada más. Para eso es arquero. Después una línea de dos. Después otra de cinco. Y arriba que nos dejen a nosotros tres. Más de veinte años hace que jugamos así y nos hemos podrido de hacer goles. De a siete hacemos. Yo ya debo llevar como seis mil ochocientos. Yo solo... ¡Después me dicen de Pelé! O arman tanto despelote porque Maradona hizo cien. Cien hago yo en una temporada. Y en verano, cuando los pibes se quedan en el club como hasta las dos de la matina, me atrevo a hacer cuarenta, cincuenta goles por semana. Cuarenta, cincuenta. Yo solo... Maradona... ¡Por favor! Y eso para no hablar del centrofoward nuestro. Debe llevar más de doce mil goles. Por debajo de las patas... Y... ¡el tipo está ahí!
Donde deben estar los centrofoward. En la boca del arco. En el área chica. Pelota que recibe, ¡pum!, adentro. A cobrar. Y ojo, que el nueve de los de Boca no es malo tampoco. Es el mismo estilo que el nuestro. Siempre ahí: en la troya. Adonde están los japoneses. ¡Nos ha amargado más de un partido, eh! Yo no he visto los goles que nos ha hecho pero escucho los gritos y el ruido de la pelota adentro del arco.
Le da con un fierro el guacho. Pero, claro, tiene dos wines que son dos salames. Por ahí si jugara al lado mío él también habría hecho como doce mil goles. ¡Si le habré servido goles al nueve! ¡Si le habré servido goles! Me acuerdo el día del debut. Le estoy hablando de hace veinticinco años, veinticinco años, un cuarto de siglo. Sacaron la lona que cubría la cancha y le juro que nos encegueció la luz. Un solazo bárbaro. Yo casi no podía ver por el resplandor en las camisetas, especialmente en las nuestras. Claro, por el blanco. Las bandas rojas parecían fuego. No como ahora, que está saltado todo el esmalte y se ve el plomo. O el piso, del verde ya no queda casi nada. ¡Cómo está esta cancha! ¡Qué lástima! Que poco cuidada está. Pero bueno, ese día fue algo inolvidable. Era domingo al mediodía y se ve que los muchachos estaban alborotados porque esa tarde jugaban River y Boca en el Monumental y ellos se habían reunido en el club para irse todos juntos en el camión para el partido. ¡Huy, lo que era ese día! Y claro, llegaron ahí y se encontraron con que la Comisión Directiva había comprado el metegol.
Yo había escuchado desde abajo de la lona que pensaban inaugurarlo esa noche cuando los socios se juntaban en la sede social a comentar los partidos o tomarse un fernet antes de cenar. Pero... ¡qué!... apenas los muchachos vieron el metegol al lado de la cancha de básquet ni siquiera se molestaron en meterlo adentro.
¡Además, esto es pesado, eh! No sé cuántos kilos debe pesar esto, pero es pesado. Puro fierro, de las cosas que se hacían antes. Bueno, ahí no más lo destaparon y se armó el partido. Yo calculo, calculo, que había de haber entre veinte y veinticinco personas viendo el partido. ¡No menos, eh! No menos. Una multitud. Y había apuestas y todo. Le digo que calculo que había esa gente porque yo ni miré para arriba, le juro, no me atrevía a levantar la vista del cagazo que tenía. Le juro. Uno escuchaba bramar esa tribuna y temblaba.
¡Qué cosa inolvidable! Nosotros, los tres de adelante, tuvimos suerte porque el tipo que nos manejaba se ve que sabía. Yo apenas sentí que me movía, dije: “Hoy vamos a andar bien”. Porque también es importante el tipo que a uno le toque para manejarlo. Usted podrá tener condiciones, es más, podrá ser un fenómeno, pero si el que está afuera es un queso, va muerto. Y yo le digo, ahora, con experiencia, yo apenas noto cómo el tipo me mueve ya me doy cuenta si conoce o no. Es una cuestión de experiencia, nada más. No es que uno sea sabio. Escúcheme, usted ve un tipo cómo se para en la cancha y ya sabe cómo juega al fútbol. No tiene necesidad ni de verlo correr. ¡Por favor! Pero ese día se ve que el tipo conocía. No era ni improvisado ni uno que agarrala manija porque está aburrido y para matar el tiempo se juega un metegol. De esos que usted trata de ayudarlos, de darles una mano pero al final el que queda como un patadura es usted. Cuando el culpable es el que tiene la manija. Y usted los escucha gritar: “¡Qué tronco es el siete ese! ¡Qué animal el wing!”. Hay que aguantar cada cosa. ¡Por favor! Pero ese día no. Ese día tuve suerte, lo que es importante en un debut. Y más en un River-Boca. Usted sabe bien cómo son estos partidos. Un clásico es un clásico, digan lo que digan ahora yo ya tengo como treinta mil clásicos jugados y así y todo, le digo, todavía cuando escucho el pique de la primera pelota en la mitad de la cancha me pongo nervioso. Parece mentira. Esque son partidos muy parejos. Somos equipos que nos conocemos mucho. Pero aquel día tuvimos suerte, por lo menos los de adelante. De la mitad de la cancha para adelante la rompimos, la hacíamos de trapo. “Tachola”, me acuerdo que se llamaba el que tenía la manija. Me acuerdo porque le gritaban permanentemente y además porque durante cuatro años vuelta a vuelta venía al club y jugaba. ¡Cómo sabía ese tipo! Lo arruinó la bebida. Cuando llegaba en pedo yo me daba cuenta porque nos hacía hacer molinetes y cada cagada que ni le cuento. Un día me hizo hacer un molinete y yo cacé un chute que la pelota saltó del metegol e hizo sonar un vaso. Me quería hacer pagar a mí el desgraciado. Pero cuando estaba sobrio era un león. Y ese día la gasté. En la defensa no andábamos tan bien porque el que manejaba a los de atrás era un salame. Un paspado. Pero con los de adelante bastaba.
No hay mejor defensa que un buen ataque, mi amigo, eso lo sabe cualquiera. ¡Por favor! Ahora se meten todos abajo. Están locos. Tres pepas hice ese día. Y las otras tres se las servía al nueve, al morochón. Porque es morochón, ahora se le despintó el lope pero es morochón. Y no tenía bigotes. Lo que pasa es que algún mocoso se los pintó con birome para que se pareciera a Luque. Un gol, me acuerdo, un gol, la bola rebotó en el córner y se me vino. Íbamos perdiendo uno a cero, porque ¡ojo! Habíamos arrancado perdiendo, y la hinchada bramaba. La puse debajo de la suela y casi la astillo. La empecé a pisar y me la traje despacito para el medio. El nueve se fue para la izquierda y el once también, para abrirme un buco. Yo la amasé y un par de veces amagué el puntazo, pero el fullback me tapaba el tiro y no veía ángulo para el taponazo. Le cuento que yo no le hago asco a patear y cuando veo luz le sacudo. A mí no me vengan con boludeces. Pero el rubio que me marcaba me tapaba bien. Entonces yo agarro y la engancho de nuevo para afuera, para mi lado, como para meterle un derechazo cruzado, al segundo palo, a la ratonera. ¡Si habré hecho goles así! Y cuando el rubio me sigue para taparme y el arquero cubre el primer palo, de revés no más, cortita, la toco para el medio. Y el nueve, sin pararla che, le puso semejante quema que abolló la chapa del fondo del arco. ¡Qué golazo! ¡Lo que fue eso! Yo lo había escuchado al Negro, lo había escuchado. Cuando yo me abrí para la derecha vi que la defensa se venía conmigo. Y lo escuché al Negro que me grita: “¡Ah!”. Y se la toqué. Lo mató el Negro. Lo mató. La hacemos siempre a ésa. Diga que ya nos conocen. ¡Qué partido fue ése! Y para esta noche tenemos uno lindo. Si es que vienen los muchachos. Porque los escuché decir que iban a las maquinitas. Siempre hablan de las maquinitas. Vaya a saber qué es eso. Acá una vez al club trajeron una. Yo siempre escuchaba unos ruidos raros, unas cosas como “pluic”, “plinc”, “clun” y unas sacudidas. Unas luces. Pero después no lo sentí más. Dicen que se le jodió algo adentro a la máquina, algún fusible y nunca hay guita para comprarlo. Son máquinas delicadas. De ésas que hacen los yanquis. Por eso los muchachos siempre vuelven. Porque el fútbol es el fútbol. Ésa es la única verdad. ¡Qué me vienen con esas cosas! Son modas que se ponen de moda y después pasan. El fútbol es el fútbol, viejo. El fútbol. La única verdad.
¡Por favor!

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La ladrona de libros

Argumento
Basada en la novela de Markus Zusak "La ladrona de libros", cuenta la historia de Liesel Mamminger, una niña de 9 años adoptada por una familia obrera alemana durante la Segunda Guerra Mundial.
Ayudada por su padre adoptivo, la joven aprende a leer y compartir libros con sus vecinos y con Rudy, un hombre judío que vive escondico en su hogar. El partido de Hitler es muy poderoso y cada vez son más los adeptos que se unen a su causa. La niña logra distraerse de los bombardeos con la lectura de las novelas que roba, sin embargo, será la historia que ella misma está escribiendo la que le salve la vida.
Brian Percival (A Boy Called Dad) dirige la adaptación del filme protagonizado por Sophie Nélisse (Profesor Lazhar) como Liesel, Geoffrey Rush (El discurso del rey) que encarna al padre de la niña y Emily Watson (War Horse), a la madre.










































































































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Cuento

De plástico


“Era una ciudad de plástico, de esas que no quiero ver,
De edificios cancerosos y un corazón de oropel
Donde en vez de un sol, amanece un dólar
Donde nadie ríe, donde nadie llora
Con gente de rostros de poliéster
Que escuchan sin oír y miran sin ver,
Gente que vendió por comodidad
Su razón de ser y su libertad”
                                            Rubén Blades, Chica plástica


Hace muchos muchos años, tantos que el habitante más viejo del planeta no guarda memoria de que le hayan hablado de ellos sus abuelos, los hombres eran de carne y hueso.
Los huesos eran la estructura sólida sobre la que moldeaba la carne las distintas identidades. Al principio de la vida, cuando alguien acababa de nacer, la carne era mullida y la piel que la recubría, de una suavidad que invitaba a la caricia. Más adelante, en plena juventud, la carne era firme y modelaba formas seductoras que atraían a los seres del sexo opuesto. Con el correr del tiempo, poco a poco, la carne perdía plasticidad, se iba secando hasta llegar a ser un pellejo endurecido que recubría el esqueleto.
Durante miles de años esta evolución pareció normal a la gente que nacía y moría sobre la faz de la Tierra. Y este estado de cosas habría seguido así por los siglos de los siglos si no hubiera sido porque un día convivieron y se conjugaron en las mentes de algunas personas el deseo de permanecer jóvenes para siempre y los medios para lograrlo.
Por medio de implantes y la ingestión de píldoras o alimentos modificados, la carne permanecía firme y mantenía la plasticidad intacta por un tiempo mucho mayor al previsto por la naturaleza, de modo que la gente llegaba a edad avanzada, e incluso moría, con aspecto joven.
Al principio se creyó en la inocuidad de los procedimientos. Algún sabio oriental se atrevió a formular una que otra objeción en cuanto a los posibles cambios no solo en el cuerpo sino también en el alma humana pero los pocos que lo escucharon se rieron de él.
Imperceptiblemente primero, más claramente después, las caras inyectadas de plástico adquirieron una dureza de gestos que enseguida se reflejó en actos, y los ojos, aun los más bellos, se fijaron en expresiones sin fondo que no eran más que el espejo de almas vacías.
Menos mal que al comienzo no todos quisieron plastificarse. Hubo quienes se opusieron abiertamente y fundaron colonias aisladas donde podían alimentarse todavía con los frutos de la Tierra creando así focos de resistencia contra el avance de la plastificación.
Pero el proceso en marcha se hizo ineluctable el día que nació el primer niño de plástico. Un hombre y una mujer de cuerpos perfectos y ninguna arruga anunciaron orgullosos por televisión al mundo entero que su hijo era de plástico y, como tal, no lloraba ni se quejaba de hambre porque no solo no la sentía sino que no tenía ninguna sensación ni emoción. Bastaba con alimentarlo con unas pastillas para que el bebé creciera y se desarrollara hasta ser un adulto de plástico obediente, insensible y perfectamente adaptado a la sociedad en la que estaba llamado a vivir.
Después de aquel, nacieron muchos niños de plástico que poco a poco fueron reemplazando a los de carne y hueso que iban extinguiéndose.
En la actualidad toda la gente es de plástico y ya nadie recuerda el significado de palabras como amor, alegría, tristeza,… no digamos de emociones más complejas o sutiles como la compasión, la empatía o la nostalgia.
Todas y cada una de las células de la única especie que ha sobrevivido en la Tierra, los seres plásticos, tienen la esponjosidad grisácea y compacta de un carcinoma.
La gente es perfectamente fea y más dura que la piedra, pero nadie sufre porque ya nadie recuerda lo que eso significa.
                                                                                                                  María Dulce Kugler

María Dulce Kugler nació en Buenos Aires, Argentina, el 11 de junio de 1963. Es profesora y licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires. Entre 1987 y 1989 publicó artículos para niños en la revista Anteojito de la Editorial García Ferré. En 1990 se traslada a Bruselas, Bélgica, donde vive desde entonces. En 2000 la editorial Simurg de Buenos Aires publica su novela A la sombra. En 2004 la misma editorial publica La mujer fuente .Desde diciembre de 2009 escribe regularmente en sus blogs, Calle de los Palacios y Las películas invisibles. Desde 2011 es colaboradora habitual de la Revue Marginales de Bélgica.




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